A más de dos décadas del comienzo de la recuperación democrática en la mayoría de los países de América Latina, los principales problemas que afectan a la gran mayoría de los ciudadanos latinoamericanos están todavía irresueltos: la pobreza, el desempleo, la marginalidad, la exclusión social y las desigualdades,la falta de educación y vivienda, afectan a millones de latinoamericanos y latinoamericanas.
Son muchas las promesas incumplidas por nuestras democracias, y por ello, las crisis económicas y sociales se han transformado muchas veces en crisis de legitimidad de la dirigencia política y descrédito de las instituciones republicanas.
La realidad latinoamericana de hoy muestra esta catástrofe económica y social que ha dejado el neoliberalismo después de 25 años de aplicación de sus recetas: desempleo, concentración de la riqueza, retirada del Estado, y aumentos dramáticos de la pobreza, marginación y exclusión social. América Latina no es hoy la región más pobre del mundo, pero sí la más desigual. El 10% más rico de la población latinoamericana percibe casi 30 veces el ingreso del 10% más pobre.
Las democracias latinoamericanas evidencian por ello un déficit en materia de desigualdades sociales que ha determinado su pobre calidad social e institucional.
Es cierto que la democracia en América Latina atraviesa una situación compleja, plagada de urgencias, de amenazas a la gobernabilidad y de desigualdades, pero también de potencialidades aun inexploradas que pueden ser aprovechadas para mejorar la calidad de la democracia en la región.
En esta parte del continente soplan hoy nuevos vientos de cambio. América Latina va marcando así un nuevo tiempo como consecuencia del hartazgo de los pueblos que padecieron la catástrofe económica y social, siendo una expresión cabal de ello la llegada al gobierno de expresiones políticas que intentan expresar las demandas populares, como en el Uruguay, Brasil, y Bolivia, entre otros países.
El gran desafío reside en la posibilidad de impulsar una “democracia de nuevas bases”, que promueva un rol más cooperativo del Estado, el parlamentarismo, la inclusión, la igualdad y la concertación.
Depende por ello de nosotros los latinoamericanos construir una nueva realidad, la realidad de la justicia, la igualdad de oportunidades y la solidaridad en América Latina. Una realidad de participación, gobernabilidad democrática, y el desarrollo con equidad, a fin de que todos los ciudadanos latinoamericanos puedan ser los propios artífices del destino de sus naciones.